La influencia fundamental de
los yoruba sobre nosotros fue ejercida a través
de su religión y su imaginación. Su panteón
de deidades u orishas sigue siendo vivo e influyente, y
motivo de interés por los estudiosos. En África
cada orisha estaba vinculado a una región o aldea,
ya que se trataba de pueblos distantes y autónomos
que vivían en economías cerradas. Así,
el culto a estos orishas era un culto local. En el territorio
Yoruba se adoraba a Changó en Oyó, a Yemayá en
Egba, a Oggún en Ekití y Oridó y a
Ochún en Ijebu.
Además de estos
cultos locales, había unos orishas que eran
adorados por todas las tribus de una región,
como Obatalá, de quien todos los gobernantes
yoruba se consideran descendientes. La importancia
o posición de un orisha depende de cuan grande
era la tribu que lo adoraba, o de cuantas tribus lo
adoraban.
En casi todos los casos, los orishas son hombres divinizados después
de muertos. El orisha es una fuerza pura, inmaterial, que solo puede
seer percibida por los humanos si se toma posesión de uno de ellos.
El candidato a la posesión, elegido por el orisha, es uno de sus
descendientes. Este es un parentesco espiritual aquí, mientras
que entre los africanos era de sangre.